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Aaron Copland. Cómo escuchar la música

“Alguien me preguntó una vez en una tribuna pública si yo aguardaba la inspiración. Mi respuesta fue: «¡Todos los días!» Pero eso no implica en modo alguno estarse en una pasiva espera del soplo divino. Eso es exactamente lo que diferencia al profesional del diletante. El compositor profesional puede sentarse día tras día y producir algo de música. Unos días será, indudablemente, mejor que otros; pero el hecho principal es la capacidad para componer. La inspiración es a menudo sólo un producto derivado.”

Todos los libros que tratan de la comprensión de la música están de acuerdo en un punto: no se llega a apreciar mejor este arte sólo con leer un libro que trate de ese asunto. Si se quiere entender mejor la música, lo más importante que se puede hacer es escucharla. Nada puede sustituir al escuchar música. Todo lo que tengo que decir en este libro se dice acerca de una experiencia que el lector sólo podrá obtener fuera de este libro. Por tanto, el lector probablemente perderá el tiempo al leerlo, a menos que haga el propósito firme de oír una mucha mayor cantidad de música que hasta ahora. Todos nosotros, profesionales y no profesionales, estamos tratando constantemente de hacer más profunda nuestra comprensión de este arte. La lectura de un libro puede a veces ayudarnos. Pero nada podrá remplazar la condición principal: escuchar la música misma.”

Cuando yo oigo una nueva pieza de música que no comprendo, quedo intrigado; deseo entrar en contacto con ella nuevamente, a la primera oportunidad. Es un desafío; mantiene vivo mi interés en el arte de la música. Si después de repetidas audiciones una obra no me dice nada, no por ello concluyo que los compositores modernos se encuentran en una condición lamentable. Simplemente, concluyo que esa pieza no es para mí.

A pesar de todo, ya he observado, tristemente, que mi propia reacción no es la típica. La mayoría de la gente parece disgustarse por el lado controvertible de la música; no desean ver perturbados sus viejos hábitos. Se valen de la música como de un diván; desean sentirse mecidos por ella, relajados y consolados de las tensiones de la vida cotidiana. Pero la música seria nunca pretendió ser un soporífero. La música contemporánea, especialmente, ha sido creada para despertar al auditor, no para ponerlo a dormir. Pretende sacudir y excitar al auditor, conmoverlo, aun dejarlo exhausto. Pero ¿no es esa clase de estímulo la que se busca en el teatro, o por la que se compra un libro? Entonces, ¿por qué hacer una excepción con la música?”

La parte del desarrollo es lo que pone a prueba la imaginación de todo compositor. Se podría llegar hasta decir que es una de las cosas principales que separan al compositor del profano. Porque cualquiera puede silbar tonadas, pero hay que ser realmente un compositor, con el oficio y la técnica de un compositor, para poder escribir un desarrollo realmente bello de esas tonadas.”

Un principio hay que tener muy presente: por muy programática o descriptiva que sea la música, ésta siempre deberá existir solamente en términos musicales. No permitamos nunca al compositor que nos justifique su pieza con la historia en ella contenida. Que la protagonista encuentre un fin prematuro no es razón suficiente para dar un final lento a la pieza. Ese final lento deberá estar justificado también por el contenido musical. En una palabra, el interés de la historia no puede nunca ocupar el puesto del interés musical, ni puede nunca convertirse en una excusa de los procedimientos musicales. La música ha de ser capaz de mantenerse en pie por sí misma, de suerte que no sea cercenado el goce de la persona que la oiga sin conocer el argumento. En otras palabras, el argumento no debe ser nunca otra cosa que un atractivo que se añade.”

Mi amor a la música de Chopin y de Mozart es tan grande como el de cualquiera; pero me sirve de poco cuando me siento a escribir mi propia música, porque su mundo no es el mío, y su idioma musical me es ajeno.”

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