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Antonio Machado. Juan de Mairena.

El ce√Īo de la incomprensi√≥n ‚ÄĒdec√≠a Mairena, gran observador de fisonom√≠as‚ÄĒ es, muchas veces, el signo de la inteligencia, propio de quien piensa algo en contra de lo que se le dice, que es, casi siempre, la √ļnica manera de pensar algo.”

Si alguna vez cultiv√°is la cr√≠tica literaria o art√≠stica, sed ben√©volos. Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. Solo con esta disposici√≥n de √°nimo la cr√≠tica puede ser fecunda. La cr√≠tica mal√©vola que ejercen avinagrados y melanc√≥licos es frecuente en Espa√Īa, y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea.”

Contra los esc√©pticos se esgrime un argumento aplastante: ¬ęQuien afirma que la verdad no existe, pretende que eso sea la verdad, incurriendo en palmaria contradicci√≥n¬Ľ. Sin embargo, este argumento irrefutable no ha convencido, seguramente, a ning√ļn esc√©ptico. Porque la gracia del esc√©ptico consiste en que los argumentos no le convencen. Tampoco pretende √©l convencer a nadie.”

La blasfemia forma parte de la religi√≥n popular. Desconfiad de un pueblo donde no se blasfema: lo popular all√≠ es el ate√≠smo. Prohibir la blasfemia con leyes punitivas, m√°s o menos severas, es envenenar el coraz√≥n del pueblo, oblig√°ndole a ser insincero en su di√°logo con la divinidad. Dios, que lee en los corazones, ¬Ņse dejar√° enga√Īar? Antes perdona √Čl ‚ÄĒno lo dud√©is‚ÄĒ la blasfemia proferida, que aquella otra hip√≥critamente guardada en el fondo del alma, o, m√°s hip√≥critamente todav√≠a, trocada en oraci√≥n.”

La libre emisi√≥n del pensamiento es un problema importante, pero secundario, y supeditado al nuestro, que es el de la libertad del pensamiento mismo. Por de pronto, nosotros nos preguntamos si el pensamiento, nuestro pensamiento, el de cada uno de nosotros, puede producirse con entera libertad, independientemente de que, luego, se nos permita o no emitirlo. Dig√°moslo ret√≥ricamente: ¬ŅDe qu√© nos servir√≠a la libre emisi√≥n de un pensamiento esclavo? De aqu√≠ nuestros ejercicios de clase, que unos parecen de l√≥gica y otros de sof√≠stica, en el mal sentido de la palabra, pero que, en el fondo, son siempre Ret√≥rica, y de la buena, Ret√≥rica de sofistas o catec√ļmenos del libre pensamiento. Nosotros pretendemos fortalecer y agilitar nuestro pensar para aprender de √©l mismo cu√°les son sus posibilidades, cu√°les sus limitaciones; hasta qu√© punto se produce de un modo libre, original, con propia iniciativa, y hasta qu√© punto nos aparece limitado por normas r√≠gidas, por h√°bitos mentales inmodificables, por imposibilidades de pensar de otro modo.”

Por debajo de lo que se piensa est√° lo que se cree, como si dij√©ramos en una capa m√°s honda de nuestro esp√≠ritu. Hay hombres tan profundamente divididos consigo mismos, que creen lo contrario de lo que piensan. Y casi ‚ÄĒme atrever√© a decir‚ÄĒ es ello lo m√°s frecuente. Esto debieran tener en cuenta los pol√≠ticos. Porque lo que ellos llaman opini√≥n es algo mucho m√°s complejo y m√°s incierto de lo que parece. En los momentos de los grandes choques que conmueven fuertemente la conciencia de los pueblos se producen fen√≥menos extra√Īos de dif√≠cil y equ√≠voca interpretaci√≥n: s√ļbitas conversiones, que se atribuyen al inter√©s personal, cambios inopinados de pareceres, que se reputan insinceros; posiciones inexplicables, etc. Y es que la opini√≥n muestra en su superficie muchas prendas que estaban en el fondo del ba√ļl de las conciencias.”

Vosotros sab√©is ‚ÄĒsigue hablando Mairena a sus alumnos‚ÄĒ mi poca afici√≥n a las corridas de toros. Yo os confieso que nunca me han divertido. En realidad, no pueden divertirme, y yo sospecho que no divierten a nadie, porque constituyen un espect√°culo demasiado serio para diversi√≥n. No son un juego, un simulacro, m√°s o menos alegre, m√°s o menos est√ļpido, que responda a una actividad de lujo, como los juegos de los ni√Īos o los deportes de los adultos; tampoco un ejercicio utilitario, como el de abatir reses mayores en el matadero; menos un arte, puesto que nada hay en ellas de ficticio o de imaginado. Son esencialmente un sacrificio. Con el toro no se juega, puesto que se le mata, sin utilidad aparente, como si dij√©ramos de un modo religioso, en holocausto a un dios desconocido. Por esto las corridas de toros, que, a mi juicio, no divierten a nadie, interesan y apasionan a muchos. La afici√≥n taurina es, en el fondo, pasi√≥n taurina; mejor dir√© fervor taurino, porque la pasi√≥n propiamente dicha es la del toro.”

Preguntadlo todo, como hacen los ni√Īos. ¬ŅPor qu√© esto? ¬ŅPor qu√© lo otro? ¬ŅPor qu√© lo de m√°s all√°? En Espa√Īa no se dialoga porque nadie pregunta, como no sea para responderse a s√≠ mismo. Todos queremos estar de vuelta, sin haber ido a ninguna parte. Somos esencialmente paletos. Vosotros preguntad siempre, sin que os detenga ni siquiera el aparente absurdo de vuestras interrogaciones. Ver√©is que el absurdo es casi siempre una especialidad de las respuestas. ‚Ķ Porque yo no olvido nunca, se√Īores, que soy un profesor de Ret√≥rica, cuya misi√≥n no es formar oradores, sino, por el contrario, hombres que hablen bien siempre que tengan algo bueno que decir, de ning√ļn modo he de ense√Īaros a decorar, la vaciedad de vuestro pensamiento.”

Confieso mi escasa simpat√≠a hacia aquellos pensadores que parecen estar siempre seguros de lo que dicen. Porque si no lo est√°n y tan bien lo simulan, son unos farsantes: y si lo est√°n, no son verdaderos pensadores, sino, cuando m√°s, literatos, oradores, ret√≥ricos, hombres de ingenio y de acci√≥n, sensibles a los tonos y a los gestos, pero que nunca se enfrentaron con su propio pensar, propicios siempre a aceptar sin cr√≠tica el ajeno. Confieso mi poca simpat√≠a hacia ellos. Porque estos hombres, en las horas pac√≠ficas, se venden por fil√≥sofos y ejercen una cierta matoner√≠a intelectual, que asusta a los pobres de esp√≠ritu, sin provecho de nadie; y en tiempos de combate se dicen siempre au dessus de la m√™l√©e.”

Para nosotros, la cultura ni proviene de energía que se degrada al propagarse, ni es caudal que se aminore al repartirse; su defensa, obra será de actividad generosa que lleva implícitas las dos más hondas paradojas de la ética: solo se pierde lo que se guarda, solo se gana lo que se da.

Ense√Īad al que no sabe; despertad al dormido; llamad a la puerta de todos los corazones, de todas las conciencias. Y como tampoco es el hombre para la cultura, sino la cultura para el hombre, para todos los hombres, para cada hombre, de ning√ļn modo un fardo ingente para levantado en vilo por todos los hombres, de tal suerte que solo el peso de la cultura pueda repartirse entre todos, si ma√Īana un vendaval de cinismo, de elementalidad humana, sacude el √°rbol de la cultura y se lleva algo m√°s que sus hojas secas, no os asust√©is. Los √°rboles demasiado espesos necesitan perder algunas de sus ramas, en beneficio de sus frutos. Y a falta de una poda sabia y consciente, pudiera ser bueno el hurac√°n.”

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SINOPSIS

En 1936, en las proximidades de la Guerra Civil, Antonio Machado publica un libro en prosa: Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor ap√≥crifo. Lo componen una serie de ensayos que ven√≠a publicando en el Diario de Madrid a partir de 1934. Juan de Mairena se public√≥ por entregas en este peri√≥dico a partir del 4 de noviembre, y despu√©s en El Sol, desde el 17 de noviembre de 1935 hasta la edici√≥n de los art√≠culos en forma de libro, en mayo de 1936. Luego, Machado contin√ļa la publicaci√≥n de las prosas de Juan de Mairena en la revista mensual Hora de Espa√Īa, desde su primer n√ļmero en enero de 1937 hasta el √ļltimo en octubre de 1938. Este volumen muestra que el autor es uno de los m√°s originales prosistas del siglo XX. Aqu√≠ Machado utiliza como representante de sus pensamientos a uno de sus dos poetas “ap√≥crifos”, inventados a finales de los a√Īos veinte (el otro es Abel Mart√≠n). (Enciclopedia Libre Universal en Espa√Īol). El termino “autor ap√≥crifo” significa un autor ficticio o de la autenticidad cuestionable, y en el caso de Juan de Mairena est√° representado en la figura del profesor informal. De hecho, √©l es una auto caricatura del propio Antonio Machado. Los pensamientos de Juan de Mairena reflejan las ideas de Machado.”

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