Carl Rogers. Libertad y creatividad en la educación.

«Creo que nos enfrentamos a una situación enteramente nueva en educación, en la cual el propósito de ésta, si hemos de sobrevivir, deber ser la facilitación de cambio y el aprendizaje. Sólo son educadas las personas que han aprendido cómo aprender, que han aprendido a adaptarse y cambiar, que advirtieron que ningún conocimiento es firme, que sólo el proceso de buscar el conocimiento da una base para la seguridad. El único propósito válido para la educación en el mundo moderno es el cambio y la confianza en el proceso y no en el conocimiento estático.

Liberar la curiosidad, permitir que las personas evolucionen según los propios intereses, desatar el sentido de indagación, abrir todo a la pregunta y la exploración, reconocer que todo está en proceso de cambio, aunque nunca lo logre de manera total, constituye una experiencia grupal inolvidable. En este contexto surgen verdaderos estudiantes, gente que aprende realmente, científicos, alumnos y profesionales creativos, la clase de personas que pueden vivir en un delicado pero cambiante equilibrio entre lo que saben en la actualidad y los mudables y fluidos problemas del futuro.»

«Cada uno de nosotros es el creador o artífice de su propia vida. Se puede emular a otros, vivir para agradar a los demás o descubrir aquello que es único y de valía para nosotros, y plasmarlo, llegar a ser eso. Esta tarea dura de por vida.»

«El conocimiento no depende de la edad, sino de la capacidad de vivir los desafíos de la existencia, de aprender de los errores, de acumular experiencias. El desequilibrio que se crea a través de las nuevas experiencias es, en el sentido más estricto, el aprendizaje.»

SINOPSIS

«Son muchos los que piensan que al niño, en la escuela o en el colegio, se le debe enseñar ante todo «lo básico», se le debe decir lo que es bueno y lo que es malo, y se le debe acostumbrar a obedecer y a dejarse guiar. Asimismo, existen amplios grupos de ideología conservadora que insisten en que los estudiantes no deben leer determinados libros, en que no hay que exponerlos a los problemas sociales y en que sólo hay que enseñarles un conjunto de valores (seleccionados, claro está, por esos mismos sectores ideológicos). El presente libro, así las cosas, se atreve a levantar la voz contra esa corriente pedagógica que propugna que el niño va a la escuela para que se le enseñe y no para debatir problemas ni para elegir opciones, y lo hace, sobre todo, para mostrar las deficiencias de ese sistema tradicional, rígido y burocrático, que no satisface las necesidades reales de nuestra sociedad. Una tercera edición, revisada y ampliada por el doctor Jerome Freiberg a partir del original de Rogers, que no sólo sigue propugnando que la mejor manera de ayudar a la juventud consiste en ayudarla a aprender, sino que subraya, en fin, que esa ayuda debe basarse en enseñarla a aprender -precisamente- cómo aprender.»

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