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David Bohm. Sobre el diálogo.

Es importante que nos demos cuenta de que nuestras opiniones son el resultado del pensamiento pasado, de todas nuestras experiencias, de lo que otras personas han dicho o han dejado de decir. Y todo eso se halla inscrito en el programa de nuestra memoria. Podemos, pues, identificarnos con esas opiniones y reaccionar para defenderlas, aunque tal cosa carezca de sentido porque, si nuestra opinión es correcta, no necesitamos de tal reacción y ¿para qué habríamos de defenderla si estuviéramos equivocados? Sin embargo, cuando nos identificamos con nuestras creencias, no nos queda más remedio que defenderlas porque en tal caso, experimentamos el ataque a nuestras creencias como una agresión personal. En tal caso, las opiniones tienden a ser experimentadas como «verdades», aunque sólo sean creencias sostenidas por usted y su entorno. Puede tratarse de creencias que nos ha transmitido un profesor, la familia, alguna lectura o lo que fuere pero, por una u otra razón, nos hemos identificado con ellas y nos sentimos en la obligación de defenderlas.”

Pero es evidente que la comunicación sólo puede crear algo nuevo si las personas son capaces de escucharse sin prejuicios y sin tratar de imponerse nada. Cada participante debe comprometerse con la verdad y la coherencia, sin temor a renunciar a las viejas ideas e intenciones, y estar dispuesto a enfrentarse a algo diferente cuando la situación lo requiera. Cuando, por el contrario, la única intención de los implicados es la de transmitir determinadas ideas o puntos de vista, como si se tratara de ítems de información, estarán inevitablemente condenados a fracasar porque, en tal caso, escucharán a los demás a través del filtro de sus propios pensamientos y tenderán a mantenerlos y a defenderlos, independientemente de su verdad y de su coherencia. Y este tipo de comunicación terminará generando la confusión propia de los insolubles «problemas de comunicación» que anteriormente hemos señalado.”

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SINOPSIS

La moderna tecnología ha ido tejiendo una inmensa red de comunicación que pone en contacto instantáneo a las personas de todo el mundo. Sin embargo, nunca como hoy ha habido un sentimiento tan generalizado de que la genuina comunicación está rota. El presente libro se enfrenta con esta paradoja, y constituye un testimonio apasionante de un proceso intelectual profundo al que David Bohm denomina, simplemente, “diálogo”. Este proceso es complejo, y el autor plantea su exposición de manera que pueda servir como manual práctico a la vez que como fuente de información. El diálogo, en opinión de Bohm, constituye un ejercicio multifacético que trasciende, con mucho, las nociones típicas de charla o intercambio de comunicación. El diálogo explora un espectro inusitadamente amplio de la experiencia humana, desde la percepción de valores hasta los factores emocionales, desde las pautas del pensamiento lógico hasta las funciones de la memoria. También implica la forma en que nuestras estructuras neurofisiológicas organizan la experiencia. Pero, sobre todo, explora la manera en que el pensamiento es generado y sostenido colectivamente: un enfoque que pone en cuestión nuestras creencias más profundas sobre la cultura, la verdad y la identidad.”

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