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Eugen Herrigel. Zen en el arte del tiro con arco.

“Cierto día, comentando todo esto con nuestro amigo Komachiya, le pregunté por qué razón el Maestro se había limitado durante tanto tiempo a contemplar mis infructuosos esfuerzos por estirar «espiritualmente» el arco, y por qué no había hecho hincapié desde el principio en la necesidad de respirar correctamente. «Un gran Maestro —respondió Komachiya— tiene que ser al mismo tiempo un gran preceptor. Aquí entre nosotros las dos cosas van a la par. Si hubiera comenzado las lecciones con ejercicios respiratorios, nunca habría podido convencer a usted de que debe precisamente a esos ejercicios algo decisivo. Era necesario que usted fracasara primero en sus esfuerzos, que naufragara en sus propios intentos antes de estar preparado para recoger el salvavidas que le ofrecía. Créame, sé por experiencia personal que el Maestro lo conoce muy bien a usted, como a cada uno de sus otros alumnos, mejor de cuanto nos conocemos usted y yo. Él lee en las almas de sus alumnos mucho más profundamente de cuanto ellos mismos quisieran admitirlo.”

“—El verdadero arte —exclamó el Maestro— carece de propósito, de fin determinado. Cuanto más obstinadamente trate de aprender a disparar la flecha para acertar el blanco, menos logrará lo primero y más se alejará de lo segundo. Lo que se interpone en su camino es el hecho de que usted posee una voluntad demasiado terca. Usted piensa que lo que no hace por sí mismo simplemente no sucede.Leer un texto es algo más serio, que exige más. Leer un texto no es “pasear” en forma licenciosa e indolente sobre las palabras. Es aprender cómo se dan las relaciones entre las palabras en la composición del discurso. Es tarea del sujeto crítico, humilde, decidido.”

“Ya sabe que no debe lamentarse por los malos tiros; aprenda ahora a no regocijarse con los buenos. Debe liberarse de las acechanzas del placer y del dolor y aprender a elevarse sobre ellos en una ecuanimidad natural, a alegrarse como si no hubiera sido usted quien disparó con tanta perfección, sino otro cualquiera. Esto también debe practicarlo sin cesar; no se imagina la importancia que tiene.”

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