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Holbach. Ensayo sobre los prejuicios.

Entre los seres que se llaman racionales por excelencia hallamos muy pocos que hagan uso de la raz√≥n. Todo el g√©nero humano, de generaci√≥n en generaci√≥n, es v√≠ctima de toda clase de prejuicios. Reflexionar, tener en cuenta la experiencia, ejercitar la raz√≥n, aplicarla a la conducta, son ocupaciones desconocidas para la mayor√≠a de los mortales. Pensar por s√≠ mismos es para la mayor parte de ellos un trabajo tan penoso como poco habitual; sus pasiones, negocios, placeres, temperamentos, pereza y disposiciones naturales les impiden buscar la verdad. Es raro que sientan con suficiente intensidad el inter√©s que tienen por descubrirla para ocuparse seriamente en buscarla. Les resulta m√°s c√≥modo y r√°pido dejarse llevar por la autoridad, el ejemplo, las ideas manidas, los usos establecidos y la costumbres maquinales. La ignorancia vuelve a los pueblos cr√©dulos, su inexperiencia e incapacidad los obligan a poner una confianza ciega en quienes se arrogan el derecho exclusivo a pensar por ellos, regular sus opiniones y fijar su conducta y su suerte. Acostumbrados as√≠ a dejarse guiar, se encuentran en la imposibilidad de saber a d√≥nde se les lleva y averiguar si las ideas que les inspiran son verdaderas o falsas, √ļtiles o da√Īinas. Los hombres que tienen el poder de regular los destinos de otros est√°n siempre tentados de abusar de su credulidad y hallan normalmente ventajas moment√°neas en enga√Īarlos. Est√°n interesados en perpetuar sus errores o su inexperiencia, se sienten en la obligaci√≥n de deslumbrarlos y confundirlos, de hacerles ver el peligro de pensar por s√≠ mismos y tener en cuenta a la raz√≥n; califican de in√ļtiles, delictivas y perniciosas las investigaciones que podr√≠an hacer, calumnian a la naturaleza y la raz√≥n y las hacen pasar por gu√≠as infieles; en suma, a base de terrores, misterios, oscuridades e incertidumbres logran asfixiar en los hombres el deseo mismo de buscar la verdad, oprimen a la naturaleza bajo el peso de su autoridad y someten la raz√≥n al yugo de su fantas√≠a. Si los seres humanos sienten los males y se quejan de las calamidades que sufren, sus gu√≠as los enga√Īan h√°bilmente y les impiden remontarse hasta el verdadero origen de las penas, que se encuentran siempre en sus nefastos prejuicios.”

Cuando un padre advierte a su hijo de que tenga cuidado con el fuego y le dice que puede causarle dolor, le anuncia una verdad que la experiencia le ha dado a conocer. Este ni√Īo, que s√≥lo es imprudente por falta de experiencia, ¬Ņno est√° interesado en aprender una verdad de la que depende su seguridad? Cuando un fil√≥sofo ense√Īa a los pueblos que la superstici√≥n es un fuego devorador que suele terminar produciendo grandes incendios en los pueblos y llev√°ndolos a destruirse por completo, ¬Ņno les descubre una verdad confirmada por la experiencia de muchos siglos? Cuando un sabio dice a los soberanos y sus s√ļbditos que el poder absoluto es un arma muy peligrosa tanto para unos como para otros, ¬Ņno les anuncia una verdad fundada sobre una larga experiencia, la cual prueba que bajo un gobierno semejante el d√©spota, privado de un poder real, gobierna sobre amplias soledades y s√≥lo es obedecido por esclavos apesadumbrados que tarde o temprano echar√°n en cara al tirano las desgracias que sufren? Quienes sostienen que no hay que anunciar la verdad a los hombres tienen m√°s o menos este razonamiento: ‚ÄúEl fuego es necesario para los hombres, este elemento les produce grandes beneficios; por tanto, no hay que indicarles sus peligros, es mejor que est√©n expuestos a perecer a cada instante por la imprudencia que estar en guardia contra un elemento destructor, el cual produce grandes beneficios si se usa como es debido. La opresi√≥n es un terrible mal para los pueblos, la justicia y la libertad son necesarias para su bienestar, pero no conviene advertirles sobre los males que les produce la opresi√≥n ni indicarles los remedios. Esto supondr√≠a revelarles una verdad molesta que les repugnar√≠a de un mal gobierno: cuando los hombres son desdichados, m√°s vale que contin√ļen si√©ndolo antes que indicarles el modo de mejorar su suerte.”

Quien conoce la verdad debe atacar el error, debe hablar, su silencio le har√° c√≥mplice de los impostores cuyas mentiras y halagos cubren la tierra de desgraciados: por ello creer√° que sirve el g√©nero humano al desenga√Īarlo de sus quimeras, al reducir a los seductores al silencio, al mostrar a los pueblos sus derechos incontestables, a los reyes sus intereses y deberes, y a los ciudadanos las costumbres necesarias para la felicidad.”

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SINOPSIS

Ensayo sobre los prejuicios de Holbach fue publicado en 1770. Era un ataque sin contemplaciones contra el trono y el altar, otra ‚Äúbomba‚ÄĚ llegada desde las posiciones de la Ilustraci√≥n radical. Federico II, rey de Prusia, ‚Äúd√©spota ilustrado‚ÄĚ, representante de la Ilustraci√≥n moderada, qued√≥ impactado y ese mismo a√Īo public√≥ an√≥nimamente su Examen del Ensayo sobre los prejuicios, una √°cida cr√≠tica del libro de Holbach. Tras leer el panfleto del rey, Diderot escribi√≥ las P√°ginas contra un tirano, que quedaron in√©ditas hasta 1938. As√≠ quedaban patentes las posiciones distantes de los ilustrados moderados (como Federico II y Voltaire) y radicales (como Diderot, Holbach y Helv√©tius). Esta edici√≥n publica los tres textos (de Holbach, Federico II y Diderot) y un esclarecedor ep√≠logo del gran historiador Jonathan Israel, escrito especialmente para esta ocasi√≥n.”

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