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Javier Gomá Lanzón. Imitación y experiencia.

“La imitación se mueve en una familia de significados tales como modelo, prototipo, ejemplo, e indica una semejanza y analogía ontológica entre un modelo y su copia. El seguimiento se refiere, en primer lugar, a una situación histórica y concreta en la que una persona va detrás de otra, pisa sus huellas; en un sentido más amplio, evoca una comunidad de destino entre los seguidores y el maestro, el mesías, el caudillo. 

El seguidor sigue al maestro y comparte su destino y su vida, pero no lo imita, porque imitar al maestro implica querer ser maestro como éste es, igualarse a él, y el discípulo no se atreve a ser maestro hasta que justamente se sienta capaz de abandonar el seguimiento y emprender él mismo un camino independiente del maestro. Por consiguiente, la imitación indica una igualación metafísica entre dos términos, el modelo y la copia, en tanto que el seguimiento sugiere una relación dinámica entre sujetos diferentes que comparten un destino vital.”

Cuando un individuo ingresa en una masa adquiere, según Le Bon, un nuevo ser porque se disuelve su yo individual y participa de un yo nuevo, el alma colectiva. Entrar en la masa es como salir de la civilización moderna y regresar a los tiempos primitivos de los bárbaros. Le Bon describe los sentimientos y las creencias del hombre poseído por la multitud. Ese individuo en la masa abandona las facultades racionales y se entrega al poder del inconsciente, donde actúa siempre un fenómeno de sugestión, contagio o imitación. El individuo en la masa concibe un sentimiento de un inmenso poder (el que da el número) acompañado de una liberadora sensación, porque la responsabilidad se diluye en la masa no individual. El alma colectiva es una fuerza poderosa irracional, voluble, cambiante, brutal. 

Los individuos, perteneciendo a la masa, toman decisiones que no tomarían por separado, y que pueden ser contrarias a sus interese. singulares. La personalidad de cada individuo cambia hasta el punto de poder llegar a ser inversa por completo. El individuo dentro de la masa es idéntico a una persona hipnotizada que ha perdido su ser individual-consciente. Anida en la masa un instinto profundamente conservador: sus explosiones revolucionarias son efímeras, la masa se cansa de sus desórdenes y pronto desea la servidumbre y el sometimiento.”

“La maestría del buen artesano estriba en la habilidad para reproducir en la copia la forma misma del modelo, lo que requiere el dominio absoluto de la técnica: aquí el ejemplo o copia no añade nada esencial al modelo y por ello no es él mismo modelo en modo alguno. En cambio, el verdadero artista escoge un modelo sólo como pretexto para su inspiración y produce una obra -un cuadro o poema- que, si en verdad merece la consideración de artística, no reproduce ni plagia estérilmente el modelo sin añadirle nada, sino que constituye una creación original y nueva. Es cierto que el arte requiere el dominio de una técnica y que la técnica se aplica a veces  a hacer meras reproducciones de arte, pero puede distinguirse y siempre se ha hecho entre uno y otro.

Por lo tanto, para el artista el modelo sirve sólo de ocasión para el aprendizaje técnico y de motivo para la inspiración personal. Las figuras del lienzo -el retrato, el grupo, el fondo paisajístico- no son reproducciones o réplicas de lo dado en la Naturaleza, como meros ejemplos de un modelo superior, sino que presentan un valor propio y autónomo; por su parte, la Eneida es algo más que una copia de la Odisea. Ciertas obras, aunque lejanamente imitaron otras anteriores o acaso un objeto de la Naturaleza, se tornan al cabo, debido a su perfección, en modelos de imitación para los demás y entonces el ejemplo viene a ser modelo por absorción de la normatividad de éste. En efecto, a ciertas obras artísticas  -esculturas, composiciones pictóricas, dramas, poemas, etcétera- se las reconoce una perfección ejemplar y se las considera permanentemente dignas de ser tomadas como patrón y pauta del auténtico y buen arte, como si encerrasen la norma secreta de la creación artística.” 

“Los hombres vivimos en un horizonte de modelos; sin poder evitarlo, desde antes de ser sujetos, nuestro yo está expuesto a la influencia de las conductas de los otros y ésta no cesa cuando el hombre adquiere una subjetividad autónoma. Por otra parte, no podemos evitar tampoco ser modelo constante para los demás y que nuestro comportamiento se les ofrezca a éstos como ejemplo o antiejemplo. Somos ejemplos rodeados de ejemplos, envueltos en una red de influencias recíprocas.”

SINOPSIS

Imitación y experiencia establece los fundamentos de una teoría general de la ejemplaridad, con su parte pragmática y su parte metafísica, poniendo así los cimientos filosóficos sobre los que descansan los siguientes títulos de la «Tetralogía de la ejemplaridad»: Aquiles en el gineceoEjemplaridad pública y Necesario pero imposible.

La imitación es una de esas ideas fundamentales de la cultura occidental que, como la del ser, recorre todo el pensamiento europeo de un extremo a otro.

Para crear el contexto de comprensión adecuado, este libro, como paso previo, recupera una tradición de conceptos clásicos de la cultura como los de modelo, ejemplo o imitación. A través de una extensa investigación, reúne y ordena el vasto material bibliográfico disponible para narrar por primera vez la historia de la teoría de la ejemplaridad desde los orígenes hasta nuestros días, distinguiendo entre cuatro clases de imitación y tres grandes etapas culturales.

Cada uno de los títulos de la «Tetralogía de la ejemplaridad» es autónomo y de lectura independiente y al mismo tiempo los cuatro forman parte de un plan unitario en torno a la idea de ejemplaridad: su historia y su teoría general (Imitación y experiencia), su formación subjetiva (Aquiles en el gineceo), su aplicación a la esfera política (Ejemplaridad pública) y su relación con la esperanza (Necesario pero imposible). Esta edición culmina un plan literario-filosófico muy antiguo y largamente cultivado por el autor.

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