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Ken Wilber. Sexo, Ecología, Espiritualidad.

Desde que empecé a escribir sobre las distinciones entre los estados de conciencia prerracionales (o prepersonales) y los transracionales (o transpersonales) -lo que llamaré falacia pre/trans-, estoy más convencido que nunca de que su comprensión es absolutamente crucial para entender a naturaleza de los estados superiores (o más profundos): los estados de conciencia verdaderamente espirituales. La esencia del problema pre/trans es en sí misma bastante simple: como tanto los estados prerracionales como los transracionales son, cada uno a su manera, no racionales, parecen similares e incluso idénticos para el ojo inexperto. Y una vez que pre y trans han sido confundidos, ocurre una de las dos falacias que describo a continuación.

En la primera (posición reduccionista), todos los estados superiores y transracionales son reducidos a estados inferiores y prerracionales. Las experiencias genuinamente místicas o contemplativas son contempladas como una regresión o una vuelta a estados infantiles de narcisismo, fusión oceánica, indisociación e incluso autismo primitivo. Esta es exactamente la ruta seguida por Freud en «El futuro de una ilusión». Por otro lado, si uno siente simpatía por los estados superiores y místicos pero aún no distingue entre pre y trans, entonces elevará (posición elevacionista) todos los estados prerracionales a algún tipo de gloria transracional (el narcisismo infantil primario, por ejemplo, es visto como un sueño inconsciente dentro de la unión mística). Jung y sus seguidores a menudo siguen este camino y se ven forzados a interpretar estados de indisociación o indiferenciación, carentes de toda integración, como estados profundamente transpersonales y espirituales.

El Espíritu es, evidentemente, no racional; pero es trans, no pre. Trasciende e incluye la razón, no la excluye. La racionalidad, como cualquier estadio concreto de la evolución, tiene sus propias (y a veces demoledoras) limitaciones, represiones y distorsiones, pero, como hemos visto, los problemas inherentes a un nivel son solventados (o «difuminados») únicamente en el nivel siguiente del desarrollo. No se resuelven regresando al nivel previo en el quel problema puede ser simplemente ignorado. Esto es lo que ocurre con las maravillas y los horrores de la razón: aporta enormes capacidades y soluciones nuevas, a la vez que introduce sus propios problemas específicos, que sólo pueden ser resueltos trascendiendo hacia los reinos superiores y transracionales.”

El poder (y la violencia) de la mitología se deben en gran medida al hecho de que hace afirmaciones que no pueden ser expuestas a pruebas más profundas…., sin destruir la autoridad de la afirmación misma. Esta es la definición de ideología: intereses ocultos, pretensiones de poder ocultas, que desfilan como verdades; verdades que no puede ser expuestas a pruebas sin quitarles su poder. «Detrás de la teoría subyace escondida una mezcla inadmisible de poder y validez, y es a ella a la que debe su reputación: están confundidos porque las pruebas de validez están determinadas por relaciones de poder».

En su mejor faceta, la Ilustración se comprometió a exponer estas relaciones de poder y a desmantelar las jerarquías de dominación que habían sido el núcleo de las instituciones sociales, culturales y religiosas de las épocas mítica y mítico-racional. Libertad, igualdad, fraternidad: «¡No más mitos!» significada «¡No más jerarquías de dominación!», y la Era de la Razón y de la Revolución se puso en marcha para lograr justamente eso.”

Todo conocimiento de otros es simplemente un grado diferente de autoconocimiento, ya que el yo y lo otro están hechos esencialmente del mismo tejido, y se hablan uno a otro suavemente en cualquier momento que se les quiera escuchar.”

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SINOPSIS

Es todo un compendio del saber realizado con rigor, meticulosidad y lucidez, capaz de descubrirnos un universo coherente, una trama de conexiones con un sentido concreto y sustentada en un orden. En esta edición revisada, que incluye nuevos diagramas y un nuevo prefacio del autor, Ken Wilber responde a las opiniones contrarias a su pensamiento, y expande y clarifica el texto que algunos críticos han denominado \”uno de los libros más significativos jamás publicados\”. El universo no es sólo que parece, no es algo que sucede simplemente y ya está: algo más está ocurriendo… Detrás del escenario en que se desarrolla la obra kósmica hay un orden o inteligencia más amplio y elevado. Ken Wilber indaga, investiga, se sumerge en esta premisa y, para ello, traza el curso de la evolución desde la materia a la vida y a la mente, y describe los patrones comunes que la evolución sigue en estos tres dominios. Después de llegar a la aparición de la mente. Wilber traza la evolución de la conciencia humana a través de sus principales etapas de crecimiento y desarrollo, especialmente en el de la modernidad y la posmodernidad: su significado; su relación con lo masculino y lo femenino, la psicoterapia, la ecología y distintos movimientos de liberación; y, lo más importante, cómo el mundo actual puede formarse un concepto del Espíritu.”

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