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Leopold Stokowski. Música para todos nosotros.

El que una persona diga que cierta música es buena y otra mala, es un intento de dictadura mental y espiritual. Tal dictadura de la mente y el espíritu es, en cierto modo, más destructiva que la tiranía de los hombres que explotan materialmente seres y naciones. En música y arte de todo género, la dictadura es enteramente innecesaria y embrutecedora en definitiva. Es interesante e instructivo el oír las opiniones de músicos formados y de experiencia, sobre los distintos géneros musicales, pero siempre debemos ser libres de sentir la música a nuestra manera, con sinceridad y espontaneidad. Amemos todos en la música lo que encontremos de agrado. Entonces nuestro sentimiento será sincero y simple. La música, por sí misma, creará en nosotros las emociones de que seamos capaces. La sinceridad de respuesta a la música ha de ser tan apreciada como lo es la sinceridad en todos los órdenes de la vida. La libertad de pensamiento en música y la libertad de reacción musical son indispensables para la verdadera cultura. Así como cada uno de nosotros hemos de ser libres en esto, así debemos insistir en que todos los demás sean asimismo libres. La tolerancia y generosidad espiritual son absolutamente esenciales para todo género de arte: en nosotros, como individuos; en nuestra comunidad, nuestra nación y en el mundo entero.”

La música es a veces como la vida: cuando respondemos con espontaneidad a los dictados de nuestro corazón, podemos romper con las convenciones. Aquellos que siempre son correctos y convencionales, carecen a veces de generosidad, son rara vez impulsivos, naturales, sencillos y expresivos. En la música, el sentimiento y la expresión son más importantes que la fidelidad; la expresión tiene mayor importancia que la corrección literal; el corazón y el alma de la música son más importantes que su intelecto.”

Todas estas emociones diversas que la música puede expresar tan elocuentemente han de provenir de un sentimiento interior verdadero. No hay sustitutivo para tal sentimiento interno. No importa cuan perfecta sea la técnica, el sonido o el poder intelectual; la música debe poseer un sentido verdadero y profundo para hacerla espontánea y elocuente. Solamente entonces llegará al corazón de aquellos que la escuchen.”

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