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Lev Tolstói. Escritos pedagógicos.

No queremos acusar de ignorancia al pueblo por que no acepte nuestro modo de enseñar; más bien tendríamos que acusarnos de ignorancia y de altanería a nosotros mismos por la pretensión de educarlo a nuestra manera. Dejemos, pues, de ver en la resistencia del pueblo a nuestra educación un elemento hostil a la pedagogía; veamos en ella, por el contrario, la expresión de la voluntad del pueblo, la única que nos tiene que servir de guía en nuestra actividad. Tomemos conciencia, por último, de esta ley que tan claramente nos muestra la historia de la pedagogía y la historia de la enseñanza en general: para que quien reciba la educación sepa distinguir entre aquello que está bien y aquello que está mal debe tener la posibilidad de expresar su descontento o, por lo menos, desviarse de esa instrucción que por instinto no le satisface. El único criterio en el que tiene que sustentarse la pedagogía es la libertad.”

El elemento formativo en la enseñanza no se puede enseñar por obligación. Nunca insistiré lo suficiente en este punto. El elemento formativo que pueda haber, por ejemplo, en historia o en matemáticas sólo se comunica cuando el profesor sabe y quiere apasionadamente la materia que enseña; sólo así ese amor se transmitirá a los alumnos e influirá en su educación. En el caso contrario, es decir, cuando se decide que tal o cual asignatura tiene un valor educativo y se impone obligatoriamente, se consigue el efecto inverso: no sólo los alumnos no adquieren los conocimientos necesarios sobre la materia que estudian, sino que la detestan. Dicen que el conocimiento contiene por sí mismo un elemento formativo; eso es tan cierto como incierto, y de ahí procede el error fundamental de la visión paradójica existente en la educación. El conocimiento es conocimiento y no conlleva nada en sí. El elemento formativo consiste en la enseñanza del conocimiento, en el amor del profesor por su materia y en la transmisión afectuosa de ésta, así como en la relación del profesor con el alumno. Si quieres educar al alumno a través de los conocimientos, quiere y domina tu materia, y los alumnos tomarán gusto por la asignatura y te querrán a ti e influirás en su educación; pero si a ti mismo no te gusta lo que enseñas, ya puedes obligar a los alumnos a estudiar que no ejercerás ninguna influencia educativa.”

SINOPSIS

“Por primera vez, los escritos pedagógicos de Lev Tolstói aparecen en español, directamente traducidos del ruso por Marta Rebón, traductora del aclamado Vida y destino de Vasili Grossman. Cuando tenía 21 años, Lev Tolstói creó una escuela en Yásnaia Poliana, en la que intentó educar a los hijos de los campesinos. En ese entonces ya había decidido que lo más importante en la vida es hacer el bien a los demás. En 1859 fundó otra escuela para niños campesinos donde la enseñanza era gratuita. La felicidad personal —pensaba— depende del bienestar de los demás, y mientras la más numerosa de las clases populares, la de los campesinos, siguiera vegetando en la miseria y la ignorancia, no era posible el bienestar social y, por ende, el propio. En su escuela, los niños podían entrar y salir cuando quisieran y nunca se aplicó ningún castigo; su principal convicción fue siempre la de respetar la personalidad del niño. Tolstói reabrió la escuela de Yásnaia Poliana en 1870. Durante los últimos años de su vida, sus ideas sobre educación fueron acogidas no solo en Rusia, sino en todo el mundo, con gran entusiasmo. Ahora, por primera vez en español, Ediciones La Llave recoge el conjunto de sus artículos pedagógicos en un volumen que refleja, ante todo, la profunda labor por una educación humanista del autor de Guerra y paz.”

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