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Luis García Montero. Mañana no será lo que Dios quiera.

Pensar en el porvenir es revisar un álbum de fotos que no se han hecho todavía.”

Cuando la soledad menoscaba la existencia o le arrebata una parte de su sentido, uno se acostumbra a vivir para contarlo, y a veces, aunque exista una distancia infinita entre los acontecimientos y las palabras, se tiene la sensación de que nada concluye hasta que no está puesto por escrito.”

“La poesía reconoce también la virtud de todas aquellas voces que se expresan de manera convincente, con palabras precisas y argumentos rotundos, elevando las sílabas conmovedoras por encima de los ojos y de las incertidumbres. Pero la poesía sólo se siente feliz cuando encuentra a alguien que sabe escuchar. Por eso busca poco en los púlpitos o en las tribunas, y explora con una discreta complicidad los rincones solitarios donde se refugian las dudas y la paciencia. La sabiduría que merece la pena, aquella que alimentan los años al mezclarse con el fondo concreto de una vida, busca incertidumbre en sus propias razones para evitar los dogmas, habla poco y prefiere cultivar una curiosa atención por las historias ajenas.

El que sabe escuchar atiende a las palabras con el gesto, con los ojos, con las manos, con los labios, y convierte su silencio en un acto de respeto y amor, en una forma de cuidar a los otros, de entenderse, de esperar…, y luego de saber decir, porque saber decir no es exactamente lo mismo que saber hablar. Inventar palabras resulta fácil. Sólo consigue aprender a escribir poemas y novelas quien alcanza el arte de elegir bien y de un modo personal las palabras dichas, quizá sin caer en la cuenta, por los otros.”

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SINOPSIS

El poeta Ángel González dejó una de las obras líricas más relevantes en lengua española, pero también fue testigo privilegiado de uno de los períodos más convulsos en la historia reciente de España: la Guerra Civil. Luis García Montero construye el retrato del poeta y recorre los primeros años de su vida para rescatar la mirada de un niño que tuvo que crecer sin la figura de su padre, pero con toda la fuerza de una familia y una geografía que se resistían con uñas y dientes a dejarse vencer. 

Mañana no será lo que Dios quiera es un homenaje a un territorio, a una familia, a los amigos y a los libros, que levantaron el espíritu del joven en ciernes que con el tiempo se transformaría en uno de los más grandes y premiados poetas de este país durante el siglo XX.”

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