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Paulo Freire. Pedagogía de la autonomía.

El profesor que realmente enseña, es decir, que trabaja los contenidos en el marco del rigor del pensar acertado, niega, por falsa, la fórmula farisaica, del «haga lo que mando y no lo que hago». Quien piensa acertadamente está cansado de saber que las palabras a las que les falta la corporeidad del ejemplo poco o casi nada valen. Pensar acertadamente es hacer acertadamente.”

No es la neutralidad de la educación lo que debo pretender sino el respeto, a toda prueba, a los educandos, a los educadores y a las educadoras. El respeto a los educadores y educadoras por parte de la administración pública o privada de las escuelas; el respeto a los educandos asumido y practicado por los educadores no importa de qué escuela, particular o pública. Por esto es por lo que debo luchar sin cansancio. Luchar por el derecho que tengo de ser respetado y por el deber que tengo de reaccionar cuando me maltratan. Luchar por el derecho que tú, que me lees, profesora o alumna, tienes de ser tú misma y nunca, jamás, luchar por esa cosa imposible, grisácea e insulsa que es la neutralidad. ¿Qué otra cosa es mi neutralidad sino una manera tal vez cómoda, pero hipócrita, de esconder mi opción o mi miedo de denunciar la injusticia? «Lavarse las manos» frente a la opresión es reforzar el poder del opresor, es optar por él. ¿Cómo puedo ser neutral frente a una situación, no importa cuál sea, en que el cuerpo de las mujeres y de los hombres se vuelve puro objeto de expoliación y de ultraje?”

Es por eso por lo que, agrego, quien tiene algo que decir debe asumir el deber de motivar, de desafiar a quien escucha, en el sentido de que, quien escucha diga, hable, responda. El derecho que se otorga a sí mismo el educador autoritario, de comportarse como propietario de la verdad de la que se adueña y del tiempo para discurrir sobre ella, es intolerable. Para él quien escucha no tiene siquiera tiempo propio pues el tiempo de quien escucha es el suyo, el tiempo de su habla. Por eso mismo, su habla se da en un espacio silenciado y no en un espacio con o en silencio. Al contrario, el espacio del educador democrático, que aprende a hablar escuchando, se ve cortado por el silencio intermitente de quien, hablando, calla para escuchar a quien, silencioso, y no silenciado, habla.”

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SINOPSIS

En este clásico presentado en nueva edición, Paulo Freire sostiene que la tarea de enseñar no puede reducirse a la transmisión de contenidos o destrezas sino que, por el contrario, debe avanzar para comprometer a los docentes y a los alumnos con su entorno social y cultural. Para el autor de pedagogía del oprimido, la dimensión ética no puede estar ausente de ningún vínculo y menos aún del que se establece entre quien enseña y quienes aprenden, dado que esta dimensión es la que permite integrar y respetar al otro, comprender los cambios propios y ajenos y reconocer la injusticia. Pero sobre todo, la razón de la inclusión de la dimensión ética en la enseñanza está dada porque el autor ve en la ética, la vía que permite construir un sentido de autonomía y responsabilidad personal. ¿por qué no discutir con los alumnos sobre la realidad concreta, a la que hay que asociar la materia cuyo contenido se enseña; la realidad agresiva en que la violencia es la constante, y la convivencia de las personas es mucho mayor con la muerte que con la vida? ¿Por qué no establecer una intimidad necesaria entre los saberes curriculares fundamentales para los alumnos y la experiencia social que ellos tienen como individuos?”

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