Tiempo de lectura: 3 minutos.

Ray Bradbury. Zen en el arte de escribir.

Si uno escribe sin garra, sin entusiasmo, sin amor, sin divertirse, únicamente es escritor a medias. Significa que tiene un ojo tan ocupado en el mercado comercial, o una oreja tan puesta en los círculos de vanguardia, que no está siendo uno mismo. Ni siquiera se conoce. Pues el primer deber de un escritor es la efusión: ser una criatura de fiebres y arrebatos. Sin ese vigor, lo mismo daría que cosechase melocotones o cavara zanjas; Dios sabe que viviría más sano.”

Yo soy un guionista automático; desde siempre. Toda la vida he pertenecido a las películas. Soy hijo del cine. Empecé a los dos años y he visto todas las películas que se han hecho. Estoy atiborrado. A los diecisiete años veía hasta doce o catorce películas por semana. Diablos, es un montón de películas. Lo cual significa que lo he visto todo, entre otras cosas toda la basura. Pero está bien. Es una forma de aprender. Uno tiene que aprender cómo no se hacen las cosas. Ver sólo películas excelentes no sirve para educarse, porque son misteriosas. Las grandes películas son misteriosas. No hay manera de resolverlas. ¿Por qué funciona Ciudadano Kane ? Pues funciona y nada más. Es brillante a todos los niveles y no hay forma de poner el dedo en algo que esté mal. Está todo bien. Pero una película mala se hace evidente enseguida, y por eso puede enseñar más: “Yo no haré nunca eso , ni eso , ni eso ».”

Fracasar es rendirse. Pero uno está en medio de un proceso móvil. Entonces no hay nada que fracase. Todo continúa. Se ha hecho el trabajo. Si está bien, uno aprende. Si está mal, aprende todavía más. El único fracaso es detenerse. No trabajar es apagarse, endurecerse, ponerse nervioso; no trabajar daña el proceso creativo.”

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SINOPSIS

Once exuberantes ensayos sobre el placer de escribir por uno de los más imaginativos y prolíficos autores del siglo veinte, un escritor que disfrutaba en verdad de su oficio. Bradbury examina con sabiduría y entusiasmo toda una vida dedicada a la creación y a la composición de docenas de cuentos, novelas, guiones de películas, obras de teatro, programas de televisión y musicales. Refrescantes y directos, todos ellos tienen en común: escribir es una celebración, no una pesada tarea. Nos habla de la fiebre, el ardor, la felicidad que él ha encontrado en el acto de escribir y nos dice que estos hallazgos también pueden ser nuestros. La necesidad de plasmar en el papel aquello que permanece sumergido en el inconsciente durante mucho tiempo no puede ser una ardua tarea dirigida a lectores o críticos, sino a uno mismo.”

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