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Richard Sennett. El artesano.

Muchos de los colaboradores de Diderot eran científicos que consideraban el método de ensayo y error como una guía en la experimentación. Nicolas Malebranche, por ejemplo, imaginó el proceso de ensayo y error como el camino que lleva de muchos a pocos errores, una mejora permanente y progresiva a través del experimento. La «ilustración» aumenta a medida que el error decrece. El comentario de Diderot acerca de sus propias experiencias en los talleres parece en un primer momento un eco de esa versión científica de corrección de fallos. «Hay que hacerse aprendiz y producir malos resultados a fin de estar en condiciones de enseñar cómo producir los buenos». Los «malos resultados» inducirán a razonar con más intensidad y, de esa manera, se mejorará.”

Los consumidores compran el poder potencial de los nuevos objetos más que el poder que utilizan realmente. […] Los consumidores están más estimulados por las expectativas que por el uso en sí; tener lo último que ha salido es más importante que hacer un uso duradero de ello. De una u otra manera, la posibilidad de disponer tan fácilmente de cosas nos desensibiliza ante los objetos reales que tenemos entre manos.”

Mostrar, no explicar, es lo que se hace en los talleres cuando el maestro demuestra el procedimiento adecuado mediante la acción: su exposición se convierte en guía. Sin embargo, este tipo de mímica tiene un inconveniente.

Con frecuencia se espera que el aprendiz absorba por osmosis la lección del maestro; la demostración del maestro exhibe un acto cumplido satisfactoriamente y el aprendiz tiene que imaginarse cuál es el secreto de tal operación. El aprendizaje por demostración descarga su peso sobre el aprendiz y da por supuesta la posibilidad de la imitación directa. Es cierto que a menudo el proceso funciona bien, pero con la misma frecuencia fracasa. En los conservatorios de música, por ejemplo, muchas veces al maestro, incapaz de mostrar el error, sino sólo la manera correcta de hacer algo, le resulta difícil retroceder a la situación elemental del alumno.”

Gran parte del conocimiento de los artesanos es conocimiento tácito, lo que quiere decir que la gente sabe cómo hacer una cosa, pero no puede verbalizar lo que sabe. Diderot comentaba acerca de sus investigaciones: «Con suerte, puede que de mil personas se encuentre una docena capaz de explicar con cierta claridad las herramientas o la maquinaria que emplea, así como las cosas que produce».

En esta observación subyace un gran problema. Ser incapaz de expresarse en palabras no significa ser estúpido; en realidad, lo que podemos decir en palabras tal vez sea más limitado que lo que podemos hacer con las cosas. Es posible que el trabajo artesanal establezca un campo de destreza y de conocimiento que trasciende las capacidades verbales humanas para explicarlo; describir con precisión cómo hacer un nudo corredizo es una tarea que pone a prueba las capacidades del más profesional de los escritores (y desde luego supera las mías). He aquí, tal vez, el límite humano fundamental: el lenguaje no es una «herramienta-espejo» adecuada para los movimientos físicos del cuerpo humano.”

Lo que más enorgullece a los artesanos es el desarrollo de las habilidades. Por eso la simple imitación no produce una satisfacción perdurable; la habilidad tiene que evolucionar. La lentitud del tiempo artesanal es una fuente de satisfacción; la práctica se encarna en nosotros y hace que la habilidad se funda con nuestro ser. La lentitud del tiempo artesanal permite el trabajo de la reflexión y de la imaginación, lo que resulta imposible cuando se sufren presiones para la rápida obtención de resultados.”

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