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Viktor Frankl. El hombre en busca de sentido.

“Por lo tanto, lo que importa no son formulaciones abstractas, sino el sentido concreto de la vida de un individuo en un momento dado. Plantear la cuestión en términos generales equivale a la pregunta que se le hizo a un campeón de ajedrez: «Dígame, maestro, ¿cuál es la mejor jugada de ajedrez?». Sencillamente, no hay contestación posible; nunca se dará una buena jugada, o la mejor jugada, sin la referencia a una determinada partida y a la personalidad del oponente. Así ocurre con la existencia humana; no deberíamos buscar un sentido abstracto a la vida, pues cada uno tiene una misión o un cometido que cumplir. Por lo tanto, no puede ser reemplazado en su función, ni su vida puede repetirse: su tarea es única como es única la oportunidad de realizarla.”

Mientras que la principal preocupación de los prisioneros se resumía en la pregunta: ¿sobreviviremos? – de no ser así, no valdrían de nada los atroces sufrimientos-, a mí me angustiaba otra cuestión: todo este sufrimiento, todas esas muertes, ¿tienen un sentido? – pues, de no ser así, tampoco tendría sentido sobrevivir a la estancia en el Lager-. Una vida que consistiera solo en salvarse o perecer, cuyo sentido dependiera del azar de las miles de arbitrariedades que conforman la vida en un campo de concentración, no merecería ser vivida.”

“La influencia de la brutalidad que había imperado en la vida del campo fue más perniciosa en las personalidades más primitivas, a quienes les resultaba más difícil sustraerse a esas experiencias. Ahora, al verse libres, creían que podían tomarse su derecho de usar la libertad sin sujetarse a ninguna norma, de forma arbitraria y sin escrúpulos. Lo único que para ellos había cambiado era que habían pasado de ser oprimidos a ser opresores. Se convertían en instigadores de la violencia y la injusticia, ya no eran víctimas. Justificaban su conducta con sus terribles sufrimientos, y extendían su proceder a las situaciones más insignificantes.

En una ocasión me dirigía con un amigo al campo de concentración cuando, sin darnos cuenta, llegamos a un sembrado de espigas verdes. Intuitivamente traté de evitarlas, pero mi amigo me agarró del brazo y me arrastró hacia el sembrado. Intenté balbucir algo referente a no trochar las espigas jóvenes. Mi amigo se enfadó, me miró airado y gritó: -¡No me digas! ¿No nos han pisado bastante a nosotros? Mi mujer y mi hijo han muerto en la cámara de gas, por no mencionar a tantos más. ¿Y tú te preocupas de no tronchar unas espigas de avena?Se necesitaba tiempo y paciencia para no que estos hombres aceptasen la lisa y llana verdad de que nadie tiene derecho a hacer el mal, aunque se haya sufrido una atroz injusticia. Tenían que admitir de nuevo el valor de esta verdad, porque las consecuencias irían mucho más allá de la pérdida de unas espigas de avena.”

SINOPSIS

“El doctor Frankl, psiquiatra y escritor, suele preguntar a sus pacientes aquejados de múltiples padecimientos: «¿Por qué no se suicida usted? Y muchas veces, de las respuestas extrae una orientación para la psicoterapia a aplicar: a éste, lo que le ata a la vida son los hijos; al otro, un talento, una habilidad sin explotar; a un tercero, quizás, sólo unos cuantos recuerdos que merece la pena rescatar del olvido. Tejer estas tenues hebras de vidas rotas en una urdimbre firme, coherente, significativa y responsable es el objeto con que se enfrenta la logoterapia. En esta obra, Viktor E. Frankl explica la experiencia que le llevó al descubrimiento de la logoterapia. Prisionero, durante mucho tiempo, en los desalmados campos de concentración, él mismo sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. ¿Cómo pudo él que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla? El psiquiatra que personalmente ha tenido que enfrentarse a tales rigores merece que se le escuche, pues nadie como él para juzgar nuestra condición humana sabia y compasivamente. Las palabras del doctor Frankl alcanzan un temple sorprendentemente esperanzador sobre la capacidad humana de trascender sus dificultades y descubrir la verdad conveniente y orientadora.”

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