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Zygmunt Bauman. Sobre la educación en un mundo líquido.

Gregory Bateson, uno de los más penetrantes antropólogos de todos los tiempos, reputado por su habilidad a la hora de detectar tendencias culturales incipientes, embrionarias y apenas visibles, registró (hace más de medio siglo) la inminente “revolución educacional”. Existen tres niveles en la educación y el aprendizaje, escribió.

El nivel primario y más bajo es aquel que Paola Mastrocola desearía: unos alumnos que repiten palabra por palabra lo que sus maestros les dicen. Un “aprendizaje maquinal”, memorizar, construir fortificaciones contra cualquier información transgresora o simplemente fuera del lugar, y por lo tanto considerada como irrelevante. Podríamos decir que esta es la producción de los “misiles balísticos” típicos. En un segundo nivel más alto, Bateson emplaza la formación de marcos cognitivos y de predisposiciones que permitan al alumno orientarse en cualquier situación, aunque no esté familiarizado con ella, y que permitan también la absorción, asimilación e incorporación de nuevos conocimientos. Esto, diríamos, es la clase de aprendizaje y educación que persigue la producción de “misiles inteligentes” (hoy día es así como se denominan: “inteligentes”). Sin embargo, Bateson siguiere que existe un tercer nivel de aprendizaje, aún más elevado, que dominaría con maestría ese momento en el que los “informes anómalos” son demasiado numerosos como para ser rechazados como aberraciones y, por tanto, descartados. Es momento en que se hace necesaria una revisión radical del marco cognitivo para darles cabida y “darles un sentido”.

Algo más tarde, Thomas Kuhn llamó a este momento “revolución científica” y apuntó a que todo progreso en el conocimiento está destinado a tropezar una y otra vez con esta clase de revoluciones. Yo diría que hoy todos estamos abocados a vivir en una condición de perpetua revolución. Nuestros conocimientos están en un estado de “revolución permanente”. Hasta donde alcanzo a comprender, y bajo esas condiciones, el modelo de enseñanza que propone Mastrocola es una receta que incapacita a los jóvenes en vez de capacitarlos para la tarea que supone ingresar en el grupo de los adultos. El invariable propósito de la educación era, es, y siempre seguirá siendo, la preparación de estos jóvenes para la vida. Una vida de acuerdo con la realidad en la que están destinados a entrar. Para estar preparados, necesitan instrucción, “conocimientos prácticos, concretos y de inmediata aplicación”, para usar la expresión de Tullio de Mauro. Y para ser “práctica”, una enseñanza de calidad necesita propiciar y propagar la apertura de la mente, y no su cerrazón.”

“Cuando yo era joven se me advertía: “lo que se aprende rápido, se olvida rápido”, pero éstas eran palabras que surgían de una sabiduría diferente, una sabiduría de una época que tenía en la más alta estima lo perdurable. Una época en que para demostrar su pertenencia a un elevado escalafón social, las personas de clase alta se rodeaban de objetos perdurables, y dejaban aquello que era transitorio para quienes estaban en escalones más bajos en la escala social. Era un tiempo en el que la capacidad para conservar, guardar, cuidar y preservar se valoraba mucho más que la (penosa, vergonzosa y lamentable) capacidad para desechar. Ésta no es la clase de sabiduría que muchos de nosotros aprobaríamos hoy. Lo que un día fue meritorio hoy se ha convertido en algo defectuoso. En la cumbre jerárquica de aptitudes útiles y deseables, el arte de navegar sobre las olas ha sustituido al arte de sondear en las profundidades.

Si olvidar velozmente es la consecuencia de un aprendizaje rápido y marginal, entonces ¡larga vida al aprendizaje rápido (corto, momentáneo, superficial)! Después de todo, si lo que necesitamos articular son observaciones de los sucesos que tendrían lugar mañana, la memoria de los sucesos que tuvieron lugar anteayer nos sería de muy poca ayuda. Y dado que la capacidad de la memoria, al contrario que la capacidad de los servidores, no puede ser ampliada, una buena memoria -es decir, una memoria que tuviera largo alcance- podría incluso restringir nuestra capacidad de procesar, absorber y acelerar la asimilación.”

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SINOPSIS

Enfrentados al desconcierto propio de nuestra sociedad líquida, muchos jóvenes sienten la tentación de quedarse al margen, de no participar en la sociedad.  Algunos de ellos se refugian  en un mundo de juegos on line y de relaciones virtuales, de anorexia, depresión,  alcohol e incluso de drogas duras, pretendiendo con ello protegerse de un entorno que cada vez más se percibe como hostil y peligroso. Otros adoptan conductas violentas, uniéndose a bandas  callejeras y al pillaje protagonizado por quienes, excluidos de los templos del consumo, desean participar en sus rituales. Una situación que se produce bajo la mirada ciega e indiferente de nuestros políticos, y ante la que es preciso reaccionar.”

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